lunes, 6 de febrero de 2012

Busilhá




El río Busilhá nace en la confluencia del río Lacantún -que viene de la zona sur de la Selva Lacandona chiapaneca con los ríos Pasión y Salinas -que nacen en la región noroeste de Guatemala-. Su cauce se extiende a lo largo de poco más de 80 km desde la meseta del Lacandón, en la zona denominada El Desempeño, corre por varias comunidades hasta encontrar su fin y rendir tributo al Usumacinta, al igual que otros ríos de esta intrincada red hidrológica.
Un recorrido por la región norte de la selva da cuenta de su historia reciente: grandes terrenos abiertos a la ganadería y a la agricultura, la cual se basa en la siembra del omnipresente maíz y del chile. Pero entre éstos y las orillas de los ríos encontramos vegetación característica de la zona, como el cedro rojo, la caoba, el jovillo entre bejucos y una variedad de palmas.
Sobre nosotros vuelan las aves en busca de alimento o de un sitio a donde llegar; son típicas el tucán, las palomas y los periquillos; mientras las observamos pudimos escuchar los gritos de los monos aulladores y disfrutar del espectáculo que producen las nutrias al nadar en el río. En la región también existen mapaches, armadillos y otros animales más difíciles de observar debido a sus hábitos.

Boca del Cielo


Playa Boca del Cielo, en Chiapas, México es un pueblito donde descansar plácidamente, mecerse en una hamaca saboreando agua de coco y almorzar una langosta recién capturada es cosa de todos los días.Es un sitio de playa que se caracteriza por su arena fina y suave de color gris. Los habitantes del lugar le dieron este nombre ya que da la impresión de ser la entrada al cielo, siendo el punto más impactante aquel donde el brazo del mar de Boca del cielo se une con el mar abierto.La flora y fauna consta de flor de laguna, palma de escoba, bejuco de tazcal, limoncillo, mulato, tamarindo, coyol, zapote de agua, cocotero, botoncillo, madre sal, mangle blanco, mangle colorado y su fauna de pelícanos, alcarabanes, patos de collar, gaviotas, garzas y albatros.
En Boca del Cielo se pueden realizar actividades recreativas que van de la pesca deportiva, paseos en lanchas, en cayucos, natación, esquí, buceo, fotografía, investigación de flora y fauna; así como saborear ricos platillos preparados con mojarra, lisa y camarón. También se puede recorrer los manglares a bordo de una lancha de motor o visitar el campamento tortuguero, y con suerte presenciar o incluso participar en la liberación de los quelonios. Aquí sólo hay cabañas rústicas. Sin embargo, si le ponen peros a dormir en la playa se pueden encontrar hoteles sencillos en Puerto Arista o Tonalá. Los lugareños organizan viajes en lancha por los manglares de la laguna para contemplar la fauna y la flora del lugar.

Por cierto, cercana también a esta “Boca del Cielo”, se encuentra la espectacular reserva de la Biosfera conocida como La Sepultura, ubicada a tan solo 50 km de pueblo de Pueblo Nuevo; en este lugar, el ruido de las lanchas de motor que transportan a los visitantes al corazón mismo de la reserva, provoca el inmediato vuelo de las aves que habitan la zona, ofreciendo la oportunidad perfecta para la toma de las mejores fotos del lugar.
Como llegar: Se localiza a 38 kilómetros al sureste de la ciudad de Tonalá, el tiempo estimado de viaje es de 35 minutos y a 18 kilómetros (20 minutos) de Puerto Arista.
De Tuxtla Gutiérrez, capital del estado, la distancia es 211 kilómetros, que se recorren en un tiempo aproximado de 3 horas y treinta minutos. Recomendaciones: No hay horario de visita, por lo que podrás conocer este lugar durante todo el año. Toma las precauciones necesarias al nadar, sobre todo cuando te aventures al lado de mar abierto de la desembocadura de la barra.

Bernal




Perdido en el tiempo, este pequeño pueblito que ha sido reconocido como mágico por la belleza de sus construcciones y por su colorido, que alberga leyendas y paisajes de ensueño, San Sebastián Bernal es una joya cultural a 54 kilómetros de la ciudad de Querétaro, que merece ser visitada. La palabra Bernal es de origen árabe y significa peñasco; en su nombre hace honor al monolito que ahí se ubica y que sólo es superado en altura por el Pan de Azúcar o el Peñón de Gibraltar.

San Sebastián Bernal fue fundado en 1642 por varias familias españolas que tomaron posesión de esas tierras, cuenta con bellas edificaciones que datan del siglo XVIII y XIX que conservan estilos arquitectónicos de singular belleza. Antiquísimos balcones floridos y faroles dan vida a este pueblito mágico en el que encantadoras tiendas de artesanías exhiben espectaculares y laboriosos manteles y cobijas elaborados en telares de 100 años de antigüedad. Si camina por sus encantadoras callecitas adoquinadas no podrá evitar enamorarse de este lugar que parece haber quedado varado en el tiempo. Haga un alto en alguno de sus restaurantes adaptados en antiguas casonas de piedra, dueñas de románticos patios con bugambilias y enormes árboles ideales para cobijarse bajo la frescura de sus hojas.En su paseo encontrará verdaderos monumentos históricos de espectacular belleza, uno de ellos, El Castillo, del siglo XVII, cuenta con un hermoso reloj de origen alemán que se colocó allí justo para marcar el inicio del siglo XIX. La Capilla de las Ánimas es otra interesante construcción del siglo XVIII, que se erigió en honor a las ánimas del purgatorio.

También cuenta con un original teatro al aire libre y un pintoresco parque ideal para la fotografía del recuerdo.Por supuesto no podía faltar la capilla del pueblo dedicada a la Santa Cruz, de quién son devotos los bernalenses. Una tradición de los lugareños es que los peregrinos deben llegar a su atrio de rodillas bajo el sol, como pago de sus deudas celestiales. Siguiendo este recorrido, quién visite San Sebastián Bernal no debe  dejar de admirar el Templo de San Sebastián Mártir, que destaca por un bello campanario y una serie de vitrales en exposición.Pero no todo es historia en San Sebastián, los más aventureros encontrarán magníficos escenarios naturales para hacer rappel, escalar montañas o practicar deportes extremos.


En la impresionante Peña de Bernal se dan cita aquellos viajeros ávidos de experimentar la adrenalina de escalar este monolito; una vez en la cima, contemplar el espectacular paisaje de la ciudad de Querétaro con el más sublime silencio es una experiencia única.Un halo de misterio y mitos envuelven a esta gran piedra que, según cuentan los lugareños, fue un gran meteoro que cayó de forma repentina en la zona y que las piedras que lo componen tales como obsidiana y cuarzo entre otras, poseen propiedades especiales que permiten ingresar en estados de relajación o sensibilizar la percepción. Más allá de estas leyendas, la Peña es única por su gran altura y destaca imponente desde cualquier parte del poblado.San Sebastián Bernal, tierra de otomíes hace muchos años, es hoy un paisaje de bellísimas calles de estilo colonial que se entrecruzan como laberinto, lugar de artesanías únicas y antiguas edificaciones del siglo XVIII. Este paisaje lleno de símbolos, leyendas, historias y belleza, fue reconocido en Septiembre de 2006 como Pueblo Mágico, pertenece al Municipio de Ezequiel Montes, y está a 2 horas de la Ciudad de México.

Batopilas




Te imaginas un lugar donde la naturaleza y tú tengan un acercamiento mágico, donde puedas encontrar un hermoso árbol de ceiba, además de un elegante venado o simplemente observar la majestuosidad de sus paisajes así es Batopilas en Chihuahua, México.
Batopilas significa “Rio Encajonado” y guarda en su alma enormes riquezas, puedes llegar desde Creel o desde Guachochi hasta llegar al entronque de Samachique. A partir de este punto, se desciende lentamente por una terracería en la que se recorren 73 kilómetros en aproximadamente 5 horas, como veras la belleza cuesta.
El antiguo centro minero que recaudo grandes riquezas es aún testigo de miles de personas que quieren ver con sus propios ojos las bellezas que guarda esta región. En este descenso hay numerosas vistas de la sierra, destacando la del Mirador de La Bufa en donde se presenta completa e imponente una panorámica de la Barranca de Batopilas. El camino desciende desde los 1800 hasta los 500 msnm, altura a la que se encuentra el pueblo minero de Batopilas.
En este lugar hay cómodos servicios de hospedaje y algunos restaurantes. Es recomendable bajar esta terracería en camioneta y contar con buenos frenos y pericia en el volante.

Barrancas del Cobre


Las Barrancas del Cobre además de ser uno de los trayectos por ferrocarril más pintorescos de América del Norte, es también uno de los más nuevos. La línea principal entre Chihuahua y Los Mochis en México, en la actualidad la Región Norte del Ferrocarril Nacional Mexicano, se terminó en fecha tan reciente como 1961.La ruta de Chihuahua a Los Mochis atraviesa en su recorrido una meseta cultivada, franquea los bosques de altura de las montañas de Sierra Madre, bordea una espectacular garganta en cuyo fondo discurre un río y cruza una zona desértica. Aunque los trenes de primera clase de la línea -el n° 73 y el n° 74- no tienen nombre oficial, se les conoce popularmente como los Trenes del Cañón del Cobre. Sin embargo, esto no significa que lo recorran; en realidad, ni siquiera siguen su curso. De hecho, el tren sólo toca el borde del cañón del Cobre en un punto, aunque suele parar un cuarto de hora para permitir a los pasajeros acercarse a un mirador. Chihuahua es una de las ciudades más modernas y limpias de México, y la travesía se inicia en su flamante estación, Chihuahua Pacífico, que se encuentra a poca distancia en taxi del centro de la ciudad. Tanto los trenes que van hacia el este como los que se dirigen al oeste abandonan sus respectivas terminales a las 7 h del centro de México. Aunque el tren de Los Mochis parte a las 6 h, hora local, el ferrocarril en todo el país se rige según la hora del centro de México. Los primeros kilómetros tras abandonar Chihuahua carecen de interés; el tren recorre un típico paisaje mexicano de tierras rurales y deshabitadas. Pero tres cuartos de hora después de la salida, el tren comienza a serpentear entre suaves colinas. Estos cerros son la avanzadilla de las interesantes montañas que se divisan en la lejanía, pero, en realidad, tan sólo dan paso a largas rectas a través de fértiles tierras de cultivo. En Fresno, silos de acero con el techo abierto muestran las cosechas de cereales, entre ellos el maíz, que se obtienen de esta generosa tierra: Chihuahua no es sólo el estado más grande de México, sino también el más rico, gracias a la agricultura, la explotación maderera, la minería y el turismo.
Tras dejar Santa Isabel, el tren discurre junto al río del mismo nombre y, alrededor de las 8.20 h, comienza a surcar una serie de elevaciones que conducen a un cañón de empinados farallones. Hay postes kilométricos situados a la derecha, cerca de esta línea de vía única, que sólo pueden verse si uno se asoma por la parte superior de la ventanilla de las puertas de acceso a los coches, que es practicable. Intentarlo desde el asiento es tarea inútil. Más allá del poste kilométrico 345 (el poste número uno se encuentra en Ojinaga, en la frontera con EE.UU.), se entra en el primer túnel, que está marcado con un cartel sobre el suelo a la derecha. El segundo túnel llegará poco después. Éstos son los primeros de los 87 túneles que se encuentran en el recorrido hasta Los Mochis. El tren continúa ascendiendo, pero la estéril tierra se allana y la carretera principal se aproxima para avanzar al lado del ferrocarril. Entre las pequeñas estaciones de San Andrés y Mesa, la línea gana altura en una pendiente de 20 milésimas por metro, ascendiendo por múltiples curvas de 180 grados. Al principio, aparecen por la izquierda, pero se ven mejor mirando por el costado derecho del tren. Cuando se aproxima la parada de Anahuac, se pueden observar pomaradas, un lago natural con una presa a la derecha, la inmensa fábrica de papel de Chihuahua a la izquierda, y la estación de adobe de dos pisos, otra vez a la derecha. Durante las próximas dos horas, el tren atraviesa una fértil zona de pomares y perales, pastos y campos de labranza, con lejanos macizos montañosos como telón de fondo. Gran parte de estas tierras es labrada por menonitas, miembros de una estricta secta protestante que en los años 20 se asentó en Cuauhtemoc, que será la siguiente parada.
La Junta, a 184 km de Chihuahua, es la estación de empalme con la línea Chihuahua Pacífico , que se dirige al norte, hacia Juárez. Cuenta con talleres de reparación de locomotoras y coches y es, además, el primer punto de repostaje y cambio de dotación. Cuando el tren arranca, se pueden ver a la izquierda locomotoras diesel ya retiradas. El paisaje varía continuamente: desde colinas salpicadas de árboles, hasta granjas y accidentados valles surcados por un río. Cerca de Terreo, los pinos y las paredes de roca pasan a menos de un palmo del tren, hasta que por fin se alcanzan las estribaciones de las montañas de Sierra Madre. Edificios de adobe dan paso a cabañas de madera, y empiezan a verse aserraderos en pequeñas comunidades. Cerca del kilómetro 556, el tren atraviesa el tercer túnel, asciende a lo largo de una de las laderas del valle, y entra en otro túnel de 1.236 m de longitud, del que saldrá a las afueras de Creel. Durante muchos años, el ferrocarril acababa en este punto. La terminación, en 1961, del dificultoso tramo de 275 km entre Creel y El Fuerte hizo realidad el sueño del promotor estadounidense Arthur Stillwell, que planeó un atajo hacia el Este mediante la construcción de una línea férrea desde Kansas City hasta la frontera mexicana en Ojinaga, y desde allí hacia el puerto de Topolobambo. Su Kansas City, Mexico & Orient Railway, se inició en 1900 y consiguió tender 1 .033 km de vía en EE.UU. y 381 km en México, antes de quedarse sin fondos. El American Santa Fe Railway compró el ferrocarril en 1928 y completó el tramo estadounidense; por su parte, el Gobierno mexicano acabó haciéndose cargo del ferrocarril en México y fundó el Chihuahua Pacífico. Después se une a Ferrocarriles Nacionales Mexicanos, como la Región Norte.
Creel es un centro de larga tradición minera y maderera, y en los últimos tiempos se ha convertido en un punto turístico muy transitado. La mayoría de los viajeros se apea aquí para pasar la noche y participar en las excursiones a los cañones y cataratas de las cercanías, a aldeas indias tarahumaras y a la ciudad minera del siglo XVIII de Batopilas, que se dedicaba a la extracción de plata. A1 dejar Creel, las dos locomotoras diesel de General Motors que tiran del tren aumentan la velocidad para tomar una curva y ascender una rampa de 25 milésimas por metro. En Los Ojitos, poste kilométrico 583, se alcanza el punto más alto de la línea, que se encuentra a 2.460 m . A continuación, en Divisadero, se inicia el descenso del cañón del Cobre. En determinado momento, hay una excelente panorámica de los bosques de pinos y abetos, e inmediatamente el tren cruza por encima del tramo que acaba de abandonar, ciñéndose a una impresionante curva de 180 grados llamada El Lazo.
La llegada, a primera hora de la tarde, a Divisadero permite dar un paseo de 15 minutos hasta un mirador, desde el que se puede disfrutar de la única vista completa del cañón del Cobre. Este nombre se le atribuyó por dos motivos: el desarrollo minero de la región y el color cobrizo de las formaciones rocosas. El cañón del Cobre forma con el colindante de Urique una cadena de gargantas cuatro veces mayor que el Gran Cañón del Colorado. A diferencia de este último, estas simas son de origen volcánico, más que el resultado de la erosión del río. Durante el invierno, puede estar nevando en la parte superior, mientras que en el fondo, 1.000 m más abajo, crecen frutas tropicales. Durante la parada, los lugareños venden provisiones a los pasajeros y algunas mujeres indias tarahumaras ofrecen cestas y artesanía variada. El número de miembros de la tribu, con fama de grandes corredores de fondo, asciende a unos 50.000. Algunos de ellos viven en cuevas no lejos de las vías, aunque en invierno descienden a los valles templados. Hay pasajeros que abandonan el tren para pasar la noche en el Hotel Abañas Divisadero-Barrancas, situado junto a la vía y el único con vistas al cañón.
A los cinco minutos de salir de Divisadero, el tren hace una segunda parada en la zona para que los turistas puedan apearse y alojarse en otros hoteles. La siguiente parada está a tan sólo 15 km , en San Rafael, que cuenta con una pequeña zona de operaciones y terminal de locomotoras, y es donde se realiza el segundo cambio de dotación. A las 14.40 h, mientras el tren deja atrás las pequeñas colinas de San Rafael, puede verse cómo se extrae barro para secarlo al sol y hacer ladrillos de adobe.
Dos túneles más preceden el paso sobre el impresionante puente de La Laja. Los túneles y puentes son demasiado numerosos como para contarlos. A la altura del kilómetro 668, se hace una parada en el remoto apeadero de Bahuichivo, en donde autocares y microbuses esperan para llevar a los turistas por antiguas carreteras hasta diversos lugares de hospedaje, desde donde se ofrecen excursiones por el cañón. A los lados de la vía férrea, se pueden observar vagones de plataforma esperando a ser cargados en los aserraderos cercanos. Pasado el pueblo de Irigoven, el tren se acerca al cañón del río Urique descendiendo por rampas de 25 milésimas por metro, y atravesando kilómetros y kilómetros de exuberantes laderas y desnudas paredes de piedra. Es el momento de preparase para contemplar una de las más espectaculares proezas de la ingeniería ferroviaria: los Lazos de Santa Bárbara. Al salir de uno de los numerosos túneles puede verse, abajo a la izquierda, la mole de una locomotora diesel (una de las primeras Fairbanks-Morse utilizadas en la línea) dispuesta de tal forma que sobresale de la ladera de la montaña. Más allá se divisa la cuenca del río y, tras atravesar otro túnel, se disfruta de una hermosa panorámica del valle, incluida una línea de ferrocarril por la que se entrará a la estación de Temoris, y un largo puente curvo que atraviesa el río Septentrión y que conduce al tren a la otra ladera del valle. Durante el descenso las mejores vistas quedan a la izquierda pero al salir, de otro de los túneles, el viajero descubrirá con sorpresa que la vista del valle se encuentra ahora a la derecha, ya que las vías han trazado una semicircunferencia dentro del propio túnel. Se recomienda bajar del tren en Temoris y echar un vistazo a la ladera de la montaña para contemplar la vieja locomotora diesel desde otra perspectiva, y descubrir el símbolo fabricado con carriles que conmemora la terminación del ferrocarril en 1961. Después de dejar Temoris al otro lado del puente, el valle se estrecha enseguida formando una garganta y de nuevo se cruza a la cara norte.
Si los ferroviarios lo permiten, es interesante situarse en alguna de las puertas de acceso de la parte izquierda del tren para disfrutar de los 75 km con mejores vistas del viaje. Durante más de una hora, se puede contemplar una interminable hilera de verdes laderas, coronadas por afiladas formaciones rocosas llamadas barrancas. Las guías de viaje en ocasiones califican a esta zona de desolada, pero retazos de tierra cultivada cerca del cauce del río dan muestra de que la región está habitada por indios desde hace muchos años. Más abajo, el río cambia de nombre según afluyen a él diferentes arroyos. El tren atraviesa docenas de túneles y falsos túneles (para proteger la línea de corrimientos de tierras). Se pasa sobre el río Chinipas por el puente más alto del trayecto ( 90 m ) y, cuando el valle por fin se ensancha, se cruza el río Fuerte por el puente más largo ( 499 m ). También se atraviesa el túnel más largo de México, El Descanso, de 1.839 m . El descenso continúa a través de campos desérticos, entre pitas gigantes y espinosos cactus saguaro, mientras las montañas se perfilan en el horizonte. Por la mañana, muchos viajeros tomarán el tren de vuelta, evitando de este modo un viaje más largo y por paisajes menos interesantes hasta Los Mochis. En Sufragio, se hace el último cambio de dotación. Allí también se realiza el empalme con el Ferrocarril del Pacífico, que viene de Juárez y se dirige hacia el sur hasta Guadalajara. Con la llegada puntual a la bulliciosa Los Mochis a las 20.50 h, hora del centro de México, concluye este inolvidable viaje de aproximadamente 14 horas.